La Palabra dice que el esposo engañado, es decir, molesto y ofendido, no se contenta con nada. Ni una luna de miel funciona. Le ofreces cariño y te responde con desprecio. Nada le satisface a una persona ofendida, puede tener éxito, le pueden dar un aumento de sueldo, podrían promoverlo, pero sigue igual porque eso que se lleva por dentro solo el Espíritu Santo lo puede sanar. ¡Es tan dura la enfermedad del alma que es más fácil derribar un muro que calmar a un ofendido! (Proverbios 18:19 Es más fácil derribar un muro que calmar al amigo ofendido.)
Cuando tenemos un alma contaminada con amargura, en todo se ve una ofensa, aunque realmente no lo sea. “¿Por qué me llamaste cinco minutos tarde?” “¿Por qué me viste de esa forma?”, reclama el ofendido, algunos un poco mas disfrazado de espiritual “Y que le dijo Dios?”; también sacan comentarios para ver si opinas igual y probar tus respuestas, te dicen “culebrillas” y si contestas bien les raspa la respuesta y la ponen negativa y si contestas repitiendo una de las palabras de la culebrilla donde indicas que no debería dirijirse así ya eres tu el mal hablado y ofensor. :D nunca repitan una mala palabra porque hasta verguenza dá responderle a un necio aunque parezca de buena pinta.
Cuando estás mal por dentro, todo te afecta, sentimos que todos están en nuestra contra, cuando no es así. Si llegas tarde al trabajo y te llaman la atención, rápido dices que la tienen en contra tuya y que te presionan demasiado. Si nuestra alma amargada logra que nos convirtamos en una personas “de cristal”, ¡con cualquier cosa nos quebraremos! Nadie está pecando contra él porque le llamaron la atención, pero esa persona siente que lo han ofendido, porque su alma está enferma, y así puede durar años y puede invitara personas a hablar y decirle lo tanto que lo ofendiste, lo tanto que no ayudaste, lo mal que dijiste, etc. etc.
Mateo 5:39-42 comparte: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.
Aunque a veces no vez el fruto de estas acciones, no importa mucho delante de esas personas. Porque ellos creen que su calificacion hacia tí es la que vale pero Dios tiene la última palabra.
Salmo 75:
6 Pues el juicio no viene
ni del este ni del oeste,
ni del desierto ni de las montañas,
7 sino que el Juez es Dios:
a unos los humilla y a otros los levanta.
:) Perdona, y verás que al final saldrás ganando.
